No cabe duda de que los municipios en México desempeñan un papel fundamental en la vida de las personas, las decisiones que se toman desde esta esfera gubernamental impactan de manera directa en la vida diaria de los individuos.
Su importancia como gobiernos locales la podemos ver reflejada en múltiples ámbitos de la vida común, como el político, el social, el económico, el cultural entre otros. Pero en esta ocasión hablaremos un poco de la necesidad municipal de participar en todas aquellas actividades que incentiven el crecimiento económico de sus territorios.
Recordemos que el desarrollo de un país va de la mano de la competitividad, por lo cual, hay que recurrir a la acción mancomunada de los municipios. Pero será acaso que cualquier municipio puede participar en la generación de riqueza o bien, cómo pueden ser promotores del desarrollo económico local y regional cuando no se han resuelto algunos problemas básicos relacionados con la prestación de servicio públicos de calidad.
Algunas soluciones inmediatas de las que ya hemos hablado en este espacio consisten en la asociación de municipios vecinos o intermunicipalidad como un instrumento jurídico que permite la cooperación entre gobiernos que no logran satisfacer necesidades similares, incentivando paralelamente, la corresponsabilidad y el fortalecimiento de la cohesión social entre comunidades o poblaciones que literalmente están divididos por una calle, una avenida o un camellón (Ruiz, 2015).
Ser promotores del desarrollo económico les exige perfeccionar sus propias capacidades de gestión y comprender que el asociacionismo puede ser precisamente la mejor fórmula para gestionar correctamente sus territorios, empero, esto incluye adquirir derechos y responsabilidades, así como trabajar con presupuestos independientes, pero parcialmente compartidos.
Los municipios necesitan asociarse cuando su capacidad instalada es insuficiente, y, por lo tanto, necesitan de un marco jurídico que regule y establezca las funciones de cada actor participante en la asociación, pero también necesitan determinar las vocaciones territoriales del municipio, es decir, estar conscientes de su tamaño, volumen de recursos, beneficios geográficos y desarrollo institucional.
Aunado a lo anterior, la existencia de la intermunicipalidad necesita de tres puntos esenciales (Ruiz, 2015):
a) Proyectos en común;
b) Una voluntad política en común y;
c) Una formalización de la cooperación adoptada conjuntamente.
Todo lo que hemos mencionado permite no a un municipio, sino a un conjunto de ellos, posicionarse como promotores del desarrollo económico regional, bien lo dicen, la unión hace la fuerza, y ésta debe de estar fundamentada en los principios de solidaridad, colectividad, corresponsabilidad y coparticipación en los asuntos públicos de carácter económicos, político y social.
Referencias
Ruiz, L. A. (2015). La intermunicipalidad: forma superior de cooperación municipal. En A. Miranda, Desarrollo Municipal (págs. 245-264). Estado de México: UAEM.

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