Quizás uno de lo mayores problemas, pero a la par incentivos para el asociacionismo municipal sean los altos niveles de marginación y la localización geográfica. Aspecto que no veremos en las zonas metropolitanas de las grandes ciudades en donde el acceso a las localidades está muy bien delimitada y equipada incluso con infraestructura urbana que permite la movilidad colectiva de una jurisdicción política a otra.
Pero que pasa con las comunidades que no pertenece a las zonas metropolitanas, que aún siendo parte del mismo municipio están alejadas geográficamente unas de otras, y si a esto le agregamos la marginación social como particularidad común de las comunidades que viven en zonas montañosas o en las sierras, es decir, que son del tipo rural, tendremos entonces una fórmula bastante compleja y difícil de resolver.
¿cómo lograr el asociacionismo municipal cuando las propias comunidades no logran cooperar entre sí? Más allá de aspectos culturales y de divisionismo social por usos y costumbres, impera en aquellos territorios una dificultad geográfica que escapa de las gestiones municipales, de sus recursos y buena voluntad (Rodríguez & Tuirán, 2006).
Es claro que antes de inferir el asociacionismo municipal, quizás en aquellas localidades haya que pensar en un esquema de asociacionismo intercomunitario, porque la realidad exige adaptar los mecanismos propuestos por el marco jurídico (Ruiz, 2015).
La marginación o la exclusión social, pone en desventaja no solo a las comunidades sino a las propias municipalidades, que debido a las condiciones económicas, territoriales e incluso profesionales, no es posible establecer convenios exitosos de asociacionismo municipal.
En estos casos, la participación de los consejos comunitarios permitiría lograr la armonía política y social necesaria para unir esfuerzos en virtud de procurar la prestación de bienes y servicios básicos a cada comunidad a pesar de la ubicación geográfica o condición social.
Pero más importante aún, lo que se tiene que hacer es brindarles la información suficiente a cada consejo o comité comunitario sobre las posibilidades jurídicas, los beneficios sociales y las fuentes de financiamiento que podrían utilizar a su favor para mejorar sus propias condiciones de vida y elevar la calidad de esta misma (Zepeda & Bravo, 2016).
Por lo tanto, hay que evitar el sesgo de información, hay que asesorar a esas comunidades, hay que reconocer que, aun siendo el mismo país, los modelos de asociación que tuvieron éxito en otra municipalidad aún siendo del tipo rural, no funcionaran de la misma manera en otros contextos.
¡Esa es la clave, comprender que no hay fórmulas únicas ni universales en los procesos sociales!
Referencias
Rodríguez, E. O., & Tuirán, R. (2006). “La cooperación intermunicipal en México. Barreras e incentivos en la probabilidad de cooperar. En A. Centro de Investigación y Docencia Económicas, Gestión y política pública (págs. 393-409). México: CIDE. Obtenido de https://www.researchgate.net/publication/235626388_La_cooperacion_intermunicipal_en_Mexico_Barreras_e_incentivos_en_la_probabilidad_de_cooperar
Ruiz, L. A. (2015). La intermunicipalidad: forma superior de cooperación municipal. En A. Miranda, Desarrollo Municipal (págs. 245-264). Estado de México: UAEM.
Zepeda, E. G., & Bravo, R. S. (diciembre de 2016). Prácticas Comunitarias como Patrimonio Cultural Inmaterial: Tres Casos de Comunidades en Oaxaca, México. ([. U. Sur, Ed.) UNSIS, 4(9), 41-50. Obtenido de Miahuatlán de Porfirio Díaz: http://www.unsis.edu.mx/revista/doc/vol3num9/A5_Practicas_Comunitarias.pdf


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